miércoles, 17 de junio de 2009

A caballo


Los cascos me aíslan del mundo con una canción instrumental que antes tenía letra mientras el reloj se decide entre marcar las tres o las cuatro. Es así como le doy uso a un cuaderno cuyas hojas están dobladas y corroídas por culpa de los ácidos y bases que antaño no eran más que fórmulas impresas. Escribo a lápiz para volver a escribir sobre este boceto. Discuto con la almohada sobre si el cielo debería ser naranja durante sólo un día. Pero el reloj ya marca menos cuarto, a caballo entre y media y en punto. Y, mientras, en la cama noto que me sobra la ropa, que me faltas tú.