sábado, 5 de noviembre de 2011

Realidad volátil

Bienvenidos al universo de la incertidumbre

Como siguiendo pistas, siguiendo al conejo blanco, acabamos de caer en la madriguera. Como perdidos en la oscuridad pedimos ayuda a gritos a un universo que no nos escucha, donde no hay eco, donde no comprendemos absolutamente nada. Donde la nada está repleta de cosas, donde el todo no existe como tal. Entre frascos de “bébeme” y pastelillos de “cómeme”, buscamos uno de “enséñame”. Aquel que nos deslumbre, aquel que tenga la fórmula del todo.

La cuántica nos ha enseñado que todo es posible, que la magia existe. Que todo aquello que miramos se comporta como tal únicamente cuando lo miramos, y que si dejamos de hacerle caso, se comporta de una manera completamente diferente e impredecible. Deja de ser.

Que únicamente la realidad es realidad cuando un ser consciente la observa, que la conciencia hace al universo, y que todo lo que vemos es cosa de nuestra mente. Como siempre, juguetona.

Sólo podemos conocer las sombras del mito de la caverna, y nunca llegaremos a ver el Sol. Pero eso sí, podemos jugar con las sombras. Todo lo que queramos, darles forma, manejarlas, utilizarlas a nuestro antojo, pues la realidad es consecuencia de nuestra mente. Que podemos hacer magia.

En un universo donde el cosmos se ha convertido en caos, un caos ordenado y manejable.

Bienvenidos, una vez más, al desierto de lo real.